Las plantas también miran a las estrellas surge en el contexto de Un Jardín Cyborg para Matadero Madrid, una iniciativa que plantea repensar el espacio exterior de Matadero como un entorno más habitable frente a las condiciones extremas derivadas de la isla de calor urbana. El recinto, con grandes superficies sin vegetación ni sombra, se ha convertido en un lugar especialmente vulnerable al aumento de temperaturas en la ciudad de Madrid.
A partir de esta situación, se nos invita a desarrollar una propuesta que explore nuevas formas de convivencia entre humanas no humanas, incorporando el conocimiento de distintas disciplinas y el potencial de la tecnología para imaginar otros modelos de relación con el entorno.
Basándonos en nuestras investigaciones previas, nuestra propuesta se articuló como un jardín interactivo en el que las plantas intervienen como agentes activos dentro del sistema. A través de sensores basados en electrofisiología vegetal, medimos las vibraciones eléctricas que se producen en el interior de las plantas y hacemos visibles las respuestas bioquímicas de estos seres vivos ante la presencia humana, otros seres vivos y las condiciones ambientales.
La información recibida de las plantas se procesa y se traduce en vibraciones, movimientos y sonido, generando un sistema interespecie que permite percibir el comportamiento de las plantas y acercarse a su lenguaje. Se trata de hacer accesibles señales que normalmente quedan fuera de nuestra capacidad perceptiva, ampliando la experiencia sensorial humana mediante sistemas robóticos.
El proyecto se materializa en una serie de esculturas de gran escala, de apariencia orgánica, diseñadas tanto para el bienestar de las plantas y otros seres vivos que habitan el espacio de Matadero, así como para el uso y disfrute de las personas. Estas estructuras generan zonas de sombra, descanso y encuentro, configurando un espacio de co-existencia entre especies donde los sistemas tecnológicos están directamente conectados a los organismos vegetales.
Al mismo tiempo, desarrollamos interfaces blandas que permiten experimentar las plantas de forma directa. A través del tacto, la vibración y el movimiento, estas interfaces traducen en tiempo real la actividad de las plantas, facilitando una experiencia corporal y cercana de su comportamiento.